Uno no es consciente de que las vacaciones han finiquitado del todo hasta que se levanta por la mañana, y observa el mundo con ese familiar silencio que nos trae a la memoria horas que hasta el día de ayer, parecían haber dejado de existir.
Con la mitad de legañas todavía en los ojos (sin la rutina, la práctica de quitarlas se pierde), uno se monta en el coche y escucha la radio, pero no la oye. ¿O era que la oye, pero no la escucha? Tanto da. Porque por suerte para nosotros, los colegios aún no han comenzado sus clases, y el tráfico es hoy un poco menos caótico de lo que recordábamos.
Así que sin haberlo deseado, uno llega al trabajo antes de lo previsto, y se encuentra a sólo un par de compañeros, con los que se puede charlar de las lejanas vacaciones. Estuve allí, me subí en tal, comí de aquello.
Pero… ¿y a quien no le apetece hablar?
Siempre está aquél que ya sea por simple depresión pasajera o mal humor crónico, no tiene ganas de soltar ni un bla. No digamos un blablá.
Para este tipo de personas, lo mejor es… el camuflaje.
Triste noticia con la que desperté el domingo, cuando Lore me mandó un mensaje diciéndome que Pepe Rubianes, nuestro Pepe, había muerto a la edad de los 61 años.
Y como nadie nos ha hecho reir tanto con un simple monólogo, con él empezamos la semana.
A continuación un pequeño extracto de su “Rubianes, Solamente”, en el que hablaba sobre el trabajo. Si tenéis la oportunidad de ver el vídeo de la actuación completa, comprenderéis lo afortunado que me siento al haberlo visto en directo, gracias a Lore.