Nadie dudará de la utilidad que tienen los cubiertos de plástico en ciertos eventos. Un cumpleaños, una cena improvisada de veintisiete personas en una casa para dos… Cualquier ocasión potencialmente traumática para quien lave los platos, se transforma en una nimiedad con la compra por 2€ de toda una vajilla blanca inmaculada y cuyo peso no supera los 200 gramos.
Con el tiempo, nos fuimos dando cuenta de que aquellos utensilios podían tener otras vidas, y logramos hacer teléfonos de hilo con los vasos, o minicatapultas con las cucharas. Pero nadie se preocupaba por el lado más artístico.
Después de lo que ha hecho este tal Toge en 80 horas de trabajo, ya podemos plegar. Todo solucionado.

