Éste será probablemente un año a recordar en el cine, sobre todo a nivel de las tecnologías utilizadas para rodar y después verlas desde la butaca.
El 3D está avanzando terreno y ya no sólo las películas de animación nos permiten disfrutar de dos horas con esas gafas al estilo Woody Allen (al menos dejamos atrás aquellas de cartón con un plástico rojo y otro verde). Avatar ha sentado un precedente, no cabe duda de ello.
Pero… ¿y qué pasa con las películas de antes?
Aquellas de serie B, donde el bajo presupuesto con el que contaba el director era muchas veces (no todas) suplido con gran imaginación.
¿Que necesito un señor con dos cabezas?
Pues ya buscaremos una camiseta con una cabeza de mentira, no os preocupéis.
Si cuando yo os digo que hay mucho artista por ahí suelto, es porque es verdad…
Esta es una muestra de lo que pueden hacer cuatro amigos (ni más, ni menos, cuatro), con una cámara, algún ordenador que otro para aplicar unos truquitos digitales, y mucha creatividad.
Siempre me han gustado los efectos especiales de las películas.
No sólo verlos, se entiende. Me hubiera gustado poder trabajar de ello, porque pienso que debe ser muy gratificante que, a partir de mucho código y mucho trabajo, acabes viendo algo físico, aunque sea en la pantalla.
También quise ser paleontólogo. Y biólogo. Y fotógrafo. Y escritor (ésta aun puedo). Y…
Total, que para los que también estais interesados en todo este mundo, aquí teneis un ejemplo del trabajo que se lleva a cabo. La verdad es que no tiene desperdicio.