Tenemos una mala concepción sobre las lesiones.
Es rompernos algo, y ya estamos quejándonos.
Que si ese hueso se me sale por ahí, que si sangro mucho…
Antes no era así. Los gladiadores mostraban con orgullo sus cicatrices, ya que demostraban la gran cantidad de luchas a las que habían sobrevivido.
Aunque claro, no estamos en las mismas condiciones.
Si un gladiador tenía una cicatriz en el brazo por habérselo roto al resbalar por unas escaleras, no creo que la mostrara con orgullo.
Seguramente se inventaría una historia. Y es ahí donde entra en juego el artilugio que hemos encontrado de la mano de compradiccion.
Y es que si vemos a alguien por la calle con este complemento:
Sabremos al momento que es un skater profesional que se rompió el brazo tras hacer una doble vuelta con mortal hacia atrás y caída en uve. Por decir algo.
