Como es tradición desde hace años, y para dar comienzo a las muchas actividades que os hemos preparado para reivindicar la paz en todo el mundo, vamos con el acto más simbólico: ¡el lanzamiento al aire de las palomas de la paz!
¡Porque ellas representan nuestro espíritu libre y lleno de pureza!
¡Porque su vuelo nos tiene que ayudar a alzar nuestras voces contra la violencia!
Si hace dos días disfrutamos de unos minutos de reflexión con las imágenes a cámara lenta de las calles de Moscú, hoy es el turno de irnos a la montaña y disfrutar de un cielo estrellado.
Recomendado ver a pantalla completa, y sin prisa alguna.
Gracias a ello, lo que sería para muchos una vulgar sucesión de imágenes de una ciudad gris y aburrida se transforma en un extraño y llamativo mundo de la mano de Andrey Stvolinsky.
Brian Bielmann es un fotógrafo especializado en captar instantáneas del mundo del surf, jugándose para ello la integridad si el resultado lo requiere. Pero no todas sus fotos se centran en estos deportistas: el resto de habitantes del mar, reales o no, tienen sitio en su trabajo.
En fotografía, la profundidad de campo se define como la zona donde el objetivo capta una imagen nítida, de forma que todo lo que hay en ella, se ve enfocado.
Para entendernos, una imagen con poca profundidad de campo mostrará un primer plano nítido y el fondo borroso, mientras que al ir ampliando esta profundidad de campo irá creciendo la nitidez hacia el fondo.
Con este nuevo concepto en nuestro haber pasemos a comentar un ejemplo práctico. En la siguiente foto, y teniendo en cuenta la nitidez (o falta de ella) del fondo, ¿habría que ampliar o disminuir la profundidad de campo?
Ah, la belleza de los animales en su entorno natural…
Papá y mamá llevan a sus dos hijas a ver un partido de béisbol, para que las pequeñas se diviertan.
Aunque en realidad, los cuatro saben que quien más interés tiene en ir es papá, fan de los Phillies desde que tiene uso de razón.
Ha quedado con los amigotes en sus asientos de siempre, dispuesto a pasar una buena tarde viendo su deporte favorito. Y quién sabe, puede que algún bateador envíe la pelota a su gradería, como aquella vez que casi la coge con su pequeño guante.
Se prepara el bateador.
Batea.
No se lo puede creer, ¡la pelota va hacia su zona!
¡La ha cogido!
Sus amigos lo felicitan chocando sus nudillos, y es que no tendrá mejor recuerdo de aquella tarde. Todo ha salido perfecto.
El experimento es sencillo: dejamos sentado a un niño en una habitación vacía, delante de un plato con una nube de caramelo (o malvavisco). Le decimos que si no se la come mientras estamos fuera, cuando volvamos se podrá comer no una, sino dos nubes.
¿Aguantará?
Este experimento es una recreación del que hizo en su momento el científico Walter Mischel, y que sirvió para comprobar tras catorce años de observaciones, que los niños que habían sido más impulsivos y se habían comido la nube, eran personas con muy poca autoestima, mientras que los más pacientes demostraron convertirse en personas más competentes dentro de la sociedad.