Desde hace un tiempo, descubrí lo que era tener un restaurante preferido.
Hasta ese momento, pensaba que para comer cualquier sitio valía, pero no es así.
Es llegar a mi “japochino”, y es que parezco otra persona. Me pongo a comer con un entusiasmo… Y es que cada bocado me sabe a gloria.
Pero claro, no hay que abusar. No habría nada más triste que ver el día en que aborreciera el restaurante por ir tanto.
Y eso me ha hecho pensar. ¿Qué puede tener un restaurante para que no caigamos en la rutina?
¿Una comida especial?
¿La decoración?
Veamos algunos ejemplos.
- Restaurante-Lavabo (Taiwan). Imaginad comer sentados en el retrete (con los pantalones puestos, claro). Mesas hechas de bañeras con un cristal encima, y lámparas hechas con urinarios. ¿Se os ocurre algo más apetitoso?

- Para caníbales (Japón). Nos sentamos, y ante nosotros hay una mesa de operaciones. Sobre ella, el cuerpo de una mujer desnuda creado con comida. Cortamos con el bisturí y… ¡sangra! Pero eso no es todo: la recreación también es a nivel interno. Intestinos, órganos…

- En el aire (Bélgica). No apto para gente con vértigo. La mesa está unida a las sillas mediante una plataforma alzada a la nada despreciable altura de 150 pies (unos 45 metros). Intentad que no se os caiga el tenedor, por el bien de los de allí abajo…

- Condones (Tailandia). Y esta idea no sé ni por dónde cogerla. Condones en las paredes, pinturas de condones en las alfombras, y al final de la comida, nos regalan… condones, claro. Pero si esto os parece extraño, ni se os ocurra pedir el combinado de la fotografía.

Más restaurantes estrambóticos, aquí.
Jaajajajaaja!! El japochino macho… es ke yo nunca en la vida te visto comer con tanta gana! Ke alegría!!
La semana ke viene vamos!