Desde hace un tiempo, descubrí lo que era tener un restaurante preferido.
Hasta ese momento, pensaba que para comer cualquier sitio valía, pero no es así.
Es llegar a mi “japochino”, y es que parezco otra persona. Me pongo a comer con un entusiasmo… Y es que cada bocado me sabe a gloria.
Pero claro, no hay que abusar. No habría nada más triste que ver el día en que aborreciera el restaurante por ir tanto.
Y eso me ha hecho pensar. ¿Qué puede tener un restaurante para que no caigamos en la rutina?
¿Una comida especial?
¿La decoración?
Veamos algunos ejemplos.
- Restaurante-Lavabo (Taiwan). Imaginad comer sentados en el retrete (con los pantalones puestos, claro). Mesas hechas de bañeras con un cristal encima, y lámparas hechas con urinarios. ¿Se os ocurre algo más apetitoso?

