A través de Boing Boing encontramos un clásico de la publicidad virulenta: engañar al comprador con imágenes que no se ajustan a la realidad.
Suele pasar cuando vemos esas pedazo de hamburguesas del Burger King en los anuncios, y nos acabamos comiendo una raquítica réplica hecha por el adolescente de turno.
Pero con los productos para niños… No juguemos con los niños, por favor…
Porque ya me direis, si vais con una gran sonrisa a comprar a vuestros hijos una piscinaza como la siguiente:
Y después de:
- Llegar a casa con la caja por delante.
- Fiesta y jolgorio de los niños, papá nos ha comprado una piscinaza.
- Mamá nos sonríe pensando “te los has ganado. Bien hecho, campeón”.
- Los niños corriendo a ponerse los bañadores.
- Te pones el pantalón corto, sales al jardín.
- Niños saltando detrás tuyo, dándote de vez en cuando golpecitos a la espalda y gritando “Ueee!”.
- Sacas la piscina, la estiras.
- Mientras vas a buscar el hinchador, los niños hacen el tonto en la piscina desinflada.
- Vuelves, te piden si pueden inflarla ellos.
- Al minuto y medio estás tú inflando, ellos se han aburrido.
- La cosa empieza a tomar forma, los nervios de los niños van en aumento, los saltos aumentan de frecuencia.
- Parece ser que ya está inflada del todo…
- Y…
¿¿…Esto es la piscina…??
