Esta imagen demuestra la comodidad del ser humano para hacer las cosas.
Puede parecer una foto simpática de un cartero con su niño, pero no es así.
Por lo que cuenta la historia, cuando el servicio de paquetería postal empezó a funcionar en 1913, al menos dos pequeños fueron enviados como si de un christmas cualquiera se trataran.
Los pobres niños llevaban las sellos pegados en su ropa (porque los padres están locos, pero hacen bien las cosas), y viajaron por tren y carretera.
Lógicamente, al descubrir estos curiosos envíos, se aplicó una normativa conforme se prohibía enviar niños por correo.
Eso sí, supongo que los niños se entregaron dentro de plazo, y que no hubo devolución.
Otra cosa es ver cómo entraron en el buzón.
(vía)

Surrealista.
Me gusta mucho vuestro blog, os pego el link en el mío.
Y seguid con él.
Pero ¿qué estarían pensando los padres cuando se les ocurrió enviar a sus hijos como si fuese una carta?
Aunque fuesen otros tiempos, no encuentro ninguna excusa para este tipo de cosas.
Un abrazo, Boone